
Volver a lo esencial

Durante mucho tiempo hemos construido una sociedad en la que casi todo gira alrededor del dinero.
Trabajamos para ganar dinero.
Ganamos dinero para comprar.
Compramos para necesitar más.
Y seguimos trabajando para mantener todo ese sistema en funcionamiento.
Mientras tanto, nos hemos ido alejando de algunas de las cosas más sencillas y esenciales de la vida: la tierra, los animales, la naturaleza, nuestros vecinos y nuestra capacidad de hacer cosas por nosotros mismos.
Y también hemos perdido algo que durante generaciones fue completamente natural: intercambiar, compartir conocimientos y ayudarnos entre nosotros.
A eso se suma un sistema cada vez más complejo, burocrático y artificial, donde demasiadas veces los intereses económicos, la corrupción y la búsqueda de beneficio terminan estando por encima de las personas y de su relación con el entorno.
Yo simplemente me cansé.
Y decidí buscar otra manera de vivir.
Volver a la tierra
En diciembre de 2024 compré una finca en Asturias.
No era agricultor.
Tuve que aprender desde cero.
Aprender a trabajar la tierra, entender los cultivos, el agua, las estaciones y todo lo que implica producir alimentos.
Y descubrí algo que nuestra sociedad moderna nos hace olvidar: la comida no aparece en un supermercado.
Alguien tiene que sembrarla.
Alguien tiene que cuidarla.
Alguien tiene que trabajar la tierra.
Y la naturaleza tiene sus propios tiempos.
Mi finca ya tenía una plantación de arándanos. El cultivo no era ecológico cuando llegué y, desde entonces, también he ido aprendiendo y buscando una forma de trabajar cada vez más respetuosa con la tierra y con el ecosistema.
Porque cultivar no debería consistir solamente en obtener rendimiento.
También significa cuidar aquello que nos permite producir.
Recuperar una vida más natural
Pero no quiero solamente cultivar.
Quiero tener animales.
Gallinas, cabras, ovejas.
Quiero que la finca sea un lugar vivo, donde las personas, los animales y la tierra vuelvan a formar parte de un mismo entorno.
No porque quiera vivir aislado del mundo.
Todo lo contrario.
Quiero depender un poco menos de él.
Y ahí descubrí una contradicción.
Aunque queramos ser más autosuficientes, nadie puede hacerlo todo solo.
Yo puedo cultivar.
Pero necesitaré semillas, herramientas, materiales, reparaciones, conocimientos y servicios.
Otra persona puede tener precisamente aquello que yo necesito.
Y yo puedo tener algo que otra persona necesita.
El problema no es que nos falten cosas
El mundo rural está lleno de recursos.
Hay agricultores.
Ganaderos.
Artesanos.
Mecánicos.
Personas que tienen maquinaria.
Personas que saben construir.
Personas que saben cultivar.
Personas que tienen excedentes.
Personas que tienen herramientas que apenas utilizan.
Personas que poseen conocimientos que podrían ser enormemente útiles para otros.
El problema es que muchas veces no sabemos quién tiene lo que necesitamos.
Y mientras tanto, compramos fuera lo que quizá existe a pocos kilómetros de nuestra casa.
Desperdiciamos excedentes.
Guardamos herramientas que apenas utilizamos.
Perdemos conocimientos.
Y pagamos intermediarios para poner en contacto a personas que podrían hablar directamente entre ellas.
Fue entonces cuando pensé:
¿Y si utilizáramos la tecnología para recuperar precisamente aquello que la tecnología y la sociedad moderna nos han hecho perder?
Así nació Mercáu Circular
Mercáu Circular nace para conectar a las personas.
No para sustituir la comunidad.
Para ayudar a construirla.
Una plataforma donde un agricultor pueda ofrecer sus productos.
Donde un ganadero pueda encontrar lo que necesita.
Donde alguien pueda ofrecer un servicio.
Donde otra persona pueda encontrar a quien sabe hacerlo.
Donde los excedentes puedan llegar a alguien que los necesita.
Donde una herramienta pueda encontrar un nuevo uso.
Donde podamos intercambiar productos, servicios y conocimientos.
Y donde las personas puedan relacionarse directamente.
Sin intermediarios innecesarios.
No todo tiene que convertirse en dinero
Creo que hemos cometido un error al convertir prácticamente todo en una transacción económica.
Un vecino que te enseña a cultivar.
Una persona que te presta una herramienta.
Alguien que comparte unas semillas.
Un ganadero que transmite un conocimiento.
Un agricultor que tiene un excedente.
Una persona que sabe reparar una máquina.
Todo eso tiene valor.
Pero no necesariamente tiene que convertirse siempre en dinero.
El intercambio también es riqueza.
El conocimiento también es riqueza.
El tiempo también es riqueza.
La confianza también es riqueza.
Y una comunidad capaz de ayudarse es, probablemente, una de las formas de riqueza más importantes que podemos construir.
No se trata de vivir fuera del sistema
No pretendo que volvamos al pasado.
Ni que todos abandonemos nuestros trabajos y nos vayamos a vivir al campo.
Tampoco creo que una persona pueda producir absolutamente todo lo que necesita.
La tecnología es una herramienta extraordinaria y puede ayudarnos muchísimo.
La cuestión es para qué la utilizamos.
Podemos utilizarla para consumir más, aislarnos y depender cada vez de más estructuras.
O podemos utilizarla para encontrarnos.
Para producir.
Para compartir.
Para intercambiar.
Para aprender.
Para ayudarnos.
Mercáu Circular nace para lo segundo.
Una comunidad de personas que quieren otra cosa
Quiero que Mercáu Circular sea un punto de encuentro para personas que sienten que existe otra manera de hacer las cosas.
Personas que aman la naturaleza.
Que quieren cultivar.
Que quieren tener animales.
Que producen alimentos.
Que tienen excedentes.
Que saben hacer cosas.
Que quieren aprender.
Que prefieren comprar cerca.
Que quieren compartir lo que tienen.
Que valoran más una relación directa que una larga cadena de intermediarios.
Personas que, simplemente, quieren recuperar una parte de la autonomía que hemos ido perdiendo.
Porque ser autosuficiente no significa hacerlo todo solo.
Significa poder contar con los demás.
Asturias es el comienzo
Y no podía haber elegido otro lugar.
La primera vez que pisé Asturias tuve una sensación que todavía recuerdo:
“Algún día voy a vivir aquí.”
Siempre he sentido una enorme admiración y cariño por España. He tenido la oportunidad de conocer muchos de sus lugares, pero Asturias fue diferente.
Sus montañas.
Sus bosques.
Sus prados.
Su costa.
Sus pueblos.
Y, sobre todo, esa relación que todavía existe aquí entre las personas, la tierra y la naturaleza.
Por eso Mercáu Circular comienza aquí.
Porque Asturias conserva algo que queremos ayudar a fortalecer: una comunidad rural que todavía tiene mucho que compartir.
Una herramienta para volver a encontrarnos
Mercáu Circular es una aplicación.
Pero la aplicación no es el objetivo.
Las personas son el objetivo.
La tecnología simplemente facilita que puedan encontrarse.
Que quien tiene algo pueda encontrar a quien lo necesita.
Que quien sabe algo pueda enseñarlo.
Que quien produce pueda encontrar a quien quiere comprar.
Que un excedente no termine desperdiciado.
Que una herramienta pueda seguir siendo útil.
Que un servicio encuentre a quien lo necesita.
Que el conocimiento circule.
Que los recursos circulen.
Y que las relaciones entre personas vuelvan a tener un valor que no dependa exclusivamente del dinero.
Quizá no podamos cambiar todo el sistema.
Quizá tampoco sea necesario.
Podemos empezar por algo mucho más sencillo: producir un poco más, depender un poco menos, compartir un poco más y volver a confiar en nuestra comunidad.
Eso es Mercáu Circular.
Una herramienta para quienes quieren vivir un poco más cerca de la tierra, de la naturaleza y de las personas.
Porque quizá la verdadera autosuficiencia no consiste en necesitar a nadie. Consiste en poder necesitarnos unos a otros.
